No serás capaz de odiarme
(quiero arriesgarme a conocerte, porque el miedo al fin cayó, al fin cedió)
No serás capaz de odiarme
(quiero arriesgarme a conocerte, porque el miedo al fin cayó, al fin cedió)

El tiempo se para, el aireno corre. Mosquitos volando y grillos cantando y tú a mi lado muriendo de sueño.Cansada, contenta, me pides un cuento y yo te lo cuento, más bien me lo invento. Te explico que un niño cruzó el universo montado en un burro con alas de plata buscando una estrella llamada Renata que bailaba salsa con un asteroide llamado Julián Rodríguez de Malta. Malvado, engreído, traidor, forajido. Conocido bandido en la vía láctea por vender estrellas independientes a multinacionales semiespaciales. Y te duermes…
Suelo ser tan ilusa, que claro, en seguida me llevo la desilusión. Si no me ilusionara, sería imposible esa desilusión posterior. Siempre lo intento, lo de no ilusionarme digo; pero creo que me es imposible. Por mi experiencia, la desilusión dura más que la ilusión. Mientras la ilusión es simplemente una esperanza que hace sentirte bien; la desilusión es una realidad, de esas que duelen, que van creando un hueco en tu interior. Hueco que falsamente, vuelve a llenar la ilusión. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Pero en el fondo cada vez estás más vació. Pero a cualquiera le dicen “no te ilusiones”.